¿Qué podemos hacer cuando nuestros hijos nos dicen “me aburro”?

Nuestra primera reacción suele ser buscar una solución: proponer una manualidad, sacar un juego, organizar una actividad o, simplemente, recurrir a una pantalla.

Pero hay otra posibilidad.

¿Y si, en lugar de eliminar inmediatamente el aburrimiento,

enseñáramos a nuestros hijos qué pueden hacer con él?

Porque el objetivo no debería ser conseguir que nuestros hijos nunca se aburran.

El objetivo puede ser que, poco a poco, nos necesiten menos para decidir qué hacer cuando se aburren.

Y precisamente para eso nace el Bote de Posibilidades.

No es un bote para entretener. Es una herramienta para devolverles iniciativa.

¿Por qué puede ser bueno que los niños se aburran?

El aburrimiento infantil no siempre es un problema que tengamos que resolver.

Cuando un niño dispone de tiempo libre y no recibe inmediatamente una actividad preparada por un adulto, aparece una pequeña incomodidad: “¿Y ahora qué hago?”

Y esa pregunta puede convertirse en una oportunidad.

Tiene que observar qué tiene disponible, recordar aquello que le gusta, imaginar posibilidades, tomar decisiones, iniciar una actividad y aprender a sostenerla.

No significa que debamos dejar siempre al niño solo ante su aburrimiento ni que todo aburrimiento sea necesariamente beneficioso. Los niños necesitan también nuestra presencia, propuestas compartidas, experiencias enriquecedoras y acompañamiento.

La diferencia está en no convertirnos permanentemente en sus proveedores de entretenimiento.

Podemos acompañar sin resolver.

Del «me aburro» al «ya sé qué puedo hacer»

Imagina dos situaciones.

En la primera:

—Mamá, me aburro.

—Pues pinta.

—No quiero.

—Haz un puzle.

—Tampoco.

—Juega con tus muñecos.

—No sé a qué…

Y cinco minutos después seguimos intentando encontrar algo que le apetezca.

En la segunda:

—Mamá, me aburro.

—Puedes aburrirte un rato… o puedes buscar una posibilidad.

El niño se acerca a su bote, saca un papel y lee:

“Construye un refugio.”

Nada más.

No pone cómo debe construirlo.

No especifica si tiene que utilizar mantas, cartones, cojines o ramas.

No dice dónde.

No explica qué tiene que ocurrir dentro.

Porque ahí empieza precisamente su trabajo.

Una pequeña propuesta abre la puerta. La imaginación decide qué hay detrás.

Ese es el cambio que buscamos.

¿Qué es el Bote de Posibilidades?

El Bote de Posibilidades es un recipiente con pequeñas propuestas abiertas que los niños pueden consultar cuando no saben qué hacer.

A diferencia de un bote anti-aburrimiento tradicional, no pretende contener decenas de actividades perfectamente diseñadas.

Las propuestas funcionan como chispas de imaginación.

Por ejemplo:

“Crea algo que no exista.”

Dos hermanos pueden sacar exactamente el mismo papel y terminar haciendo cosas completamente diferentes.

Uno puede dibujar un animal imaginario.

Otro puede construir una máquina con cartón.

Otro inventar un país.

Otro crear un juguete.

Por eso nos interesa que las propuestas sean abiertas.

Cuanto menos determinada esté la actividad, mayor espacio dejamos para pensar, decidir, experimentar y crear.

Cómo preparar vuestro Bote de Posibilidades

No necesitas comprar prácticamente nada.

Podéis utilizar:

  • un bote, caja, cesta o recipiente que ya tengáis;
  • pequeños papeles;
  • lápices o rotuladores;
  • las ideas que encontrarás más adelante.

Pero hay algo mucho más importante que el recipiente:

preparadlo juntos.

Podéis empezar introduciendo algunas propuestas y después pedir a cada miembro de la familia que invente otras.

De esta manera deja de ser:

“El bote que mamá ha preparado para que no me aburra.”

Y empieza a convertirse en:

“Nuestro bote de ideas para cuando no sabemos qué hacer.”

Además, podéis dejar algunos papelitos vacíos junto al bote para que cualquier miembro de la familia pueda añadir nuevas posibilidades cuando se le ocurran.

Cómo presentárselo a tus hijos

La manera de introducir la herramienta importa.

Evitaría plantearlo como:

“Cada vez que te aburras tienes que sacar un papel y hacer lo que pone.”

Porque entonces hemos sustituido una orden por otra.

Podemos explicar algo parecido a:

“Este bote está lleno de posibilidades. Cuando no sepas qué hacer, puedes sacar una para que te dé una idea. No tienes que hacer exactamente lo que pone. Puedes cambiarla, mezclarla con otra idea o inventar algo completamente diferente.”

Y esta última parte es fundamental.

El papel no manda. Inspira.

Si saca “construye un refugio” y aquello le hace pensar que quiere preparar una expedición por el salón, perfecto.

La herramienta habrá cumplido su función.

20 posibilidades para empezar

Estas propuestas están pensadas especialmente para niños de aproximadamente 4 a 10/12 años, aunque lo importante será adaptarlas a los intereses y desarrollo de cada niño.

  1. 🎨 Crea algo que no exista.
  2. 🏕️ Construye un refugio.
  3. 👨‍🍳 Inventa una receta. No hace falta cocinarla de verdad.
  4. 🎭 Conviértete en otro personaje durante 10 minutos.
  5. 🧺 Busca cinco tesoros por casa.
  6. 📖 Inventa una historia usando tres objetos que encuentres.
  7. 🎶 Pon música y deja que tu cuerpo invente los movimientos.
  8. 🧸 Construye un mundo para tus muñecos, figuras o animales.
  9. 🚀 Imagina que hoy viajas a otro planeta. ¿Cómo sería?
  10. 📦 Haz algo sorprendente con una caja de cartón.
  11. 🔍 Convierte tu casa en un lugar por descubrir.
  12. 🎤 Prepara un espectáculo.
  13. 🪄 Inventa un juego nuevo.
  14. 👀 Busca diez cosas bonitas que normalmente pasan desapercibidas.
  15. 🏗️ Construye la torre más original que puedas.
  16. 📚 Crea un libro sobre algo que te guste.
  17. 🎁 Prepara una sorpresa para alguien de casa.
  18. 🌿 Crea algo utilizando elementos de la naturaleza o materiales reutilizados.
  19. 🕵️ Inventa un misterio y busca la manera de resolverlo.
  20. 💡 Haz algo que nunca hayas probado antes.

Cinco comodines para multiplicar las posibilidades

Podemos incorporar también algunas tarjetas diferentes. En lugar de decir qué hacer, cambian las reglas del juego:

Hoy todo tiene un superpoder.

Solo puedes utilizar cosas de un mismo color.

Durante un rato, el suelo no existe.

Intenta crear algo sin hablar.

Convierte una habitación en otro lugar.

Una misma tarjeta combinada con uno de estos comodines puede generar una experiencia completamente nueva.

¿Y si mi hijo tiene 10, 12 o 15 años?

A medida que crecen, propuestas como “construye un refugio” pueden dejar de resultarles estimulantes. Pero eso no significa que tengamos que abandonar la idea del bote.

Tenemos que cambiar el tipo de desafío.

En preadolescentes y adolescentes, podemos pasar del juego abierto al reto abierto.

En lugar de prepararles una actividad, podemos ofrecerles pequeñas provocaciones que despierten curiosidad, iniciativa, habilidades o incluso mentalidad emprendedora.

Por ejemplo:

  • 💡 Piensa en un problema cotidiano e inventa una solución.
  • 💰 Imagina una pequeña idea de negocio que pudieras empezar con menos de 10 €.
  • 🧠 Aprende algo que no sabías hacer esta mañana.
  • 🛠️ Encuentra algo de casa que podrías mejorar y diseña una solución.
  • 🍳 Prepara algo sencillo utilizando únicamente lo que ya tenemos.
  • 📸 Crea una serie de cinco fotografías que cuenten una historia.
  • 🎯 Elige una habilidad y dedica 30 minutos a mejorarla.
  • 💶 Piensa tres maneras realistas de ahorrar o conseguir dinero para algo que quieres.
  • ❤️ Haz algo que mejore el día de otra persona sin que te lo pida.
  • 🚀 Imagina un proyecto que te gustaría crear y escribe cuál sería el primer paso.

El principio educativo continúa siendo exactamente el mismo:

No decirles constantemente qué tienen que hacer, sino ofrecerles un punto de partida desde el que puedan decidir qué hacer.

Cómo adaptar el bote a cada edad

Con los más pequeños podemos utilizar dibujos o pictogramas además de palabras y ofrecer posibilidades relacionadas con construcción, movimiento, naturaleza, música, arte y juego simbólico.

En primaria podemos incorporar historias, experimentos sencillos, desafíos de construcción, investigación, creación y resolución de problemas.

Y con preadolescentes y adolescentes podemos evolucionar hacia retos relacionados con proyectos personales, cocina, fotografía, deporte, aprendizaje, emprendimiento, organización, contribución familiar o desarrollo de nuevas habilidades.

¿Cuándo utilizar el Bote de Posibilidades?

No debería convertirse en una obligación ni utilizarse cada vez que aparece un minuto de aburrimiento.

También necesitamos permitir que exista ese:

“No sé qué hacer.”

Esperar.

Mirar alrededor.

Dar vueltas.

Pensar.

Porque muchas veces, después de unos minutos, aparece espontáneamente una idea.

El Bote de Posibilidades puede entrar en escena cuando el niño lleva un tiempo bloqueado y necesita una pequeña chispa para ponerse en marcha.

Es especialmente útil durante:

  • tardes largas en casa;
  • vacaciones;
  • días de lluvia o mucho calor;
  • momentos sin pantallas;
  • fines de semana sin planes;
  • periodos en los que escuchamos constantemente el famoso “mamá, me aburro”.

Pero el objetivo final resulta paradójico:

que cada vez necesiten utilizarlo menos.

¿Qué hacemos si rechaza la idea que ha salido?

Nada.

Puede sacar otra.

Puede modificarla.

Puede combinar dos.

Puede volver a guardar el papel.

Incluso puede decidir seguir aburrido.

Porque si convertimos el bote en una obligación, perdemos precisamente aquello que queríamos entrenar: la iniciativa.

Podemos acompañar con preguntas:

  • “¿Qué podrías hacer con esa idea?”
  • “¿Cómo la cambiarías para que te apeteciera?”
  • “¿Qué necesitarías?”
  • “¿Se te ocurre algo mejor?”

En lugar de proporcionar automáticamente la respuesta, utilizamos preguntas que devuelven el pensamiento al niño.

El verdadero objetivo no es acabar con el aburrimiento

Quizá uno de los mayores regalos que podemos hacer a nuestros hijos no sea llenar cada minuto de su infancia.

Quizá sea enseñarles que, cuando no hay nada preparado, ellos también pueden crear algo.

Que una caja puede convertirse en una nave.

Que una tarde vacía puede convertirse en un proyecto.

Que un problema puede esconder una solución.

Y que ese aparentemente insignificante:

“Mamá, me aburro.”

puede evolucionar poco a poco hacia:

“Voy a pensar qué puedo hacer.”

Ahí está la verdadera transformación.

No queremos niños permanentemente entretenidos.

Queremos niños y adolescentes capaces de imaginar, decidir, crear, probar, equivocarse y volver a empezar.

Porque nuestro Bote de Posibilidades no pretende darles veinte maneras de escapar del aburrimiento.

Pretende recordarles algo mucho más importante:

Una idea puede abrir la puerta. Pero lo que ocurra después depende de ellos.

Si te interesan recursos prácticos para educar desde el vínculo, fomentar la autonomía, acompañar las emociones y ayudar a tus hijos a desarrollar una mentalidad de crecimiento, puedes seguirnos en Instagram en @ainoa_hilari

Porque educar no consiste únicamente en resolverles el camino.

También consiste en ayudarles a descubrir que ellos pueden aprender a encontrar caminos propios.